El cartel de José Segrelles de 1929 demostró el poder de atracción que tenía la cartelería moderna. Esto motivó al Ayuntamiento de Valencia a convocar en 1930 el primer concurso oficial de carteles de Fallas, dando inicio a una rica tradición gráfica que se ha convertido en un termómetro visual de cada época.
1. Los Años 30: La Edad de Oro de la Vanguardia y el Art Déco
La década republicana fue de una creatividad desbordante. Los carteles dejaron atrás la pintura tradicional de caballete para abrazar el lenguaje del diseño gráfico moderno.
- Estética: Dominan las líneas geométricas, la tipografía rotunda (sin remates), las perspectivas forzadas y el uso del aerógrafo. Es la época del Art Déco y el constructivismo.
- Temática: El fuego, la noche y la arquitectura se mezclan de forma abstracta y dinámica.
- Nombres clave: Destaca la figura del genial Josep Renau, cuyos fotomontajes y estilo cartelista revolucionaron no solo las Fallas, sino el grafismo español de la época.
2. Los Años 40 y 50: Posguerra, Costumbrismo y Retorno al Orden
La Guerra Civil supuso una ruptura dramática. Con la llegada de la dictadura, las vanguardias europeas fueron silenciadas por considerarse subversivas, y la cartelería fallera dio un paso atrás hacia el academicismo.
- Estética: Se impone una pintura realista, figurativa e ilustrativa. La paleta de colores se vuelve más cálida y amable, perdiendo la agresividad geométrica de los 30.
- Temática: Se instaura el «cartel costumbrista». La figura central pasa a ser, casi invariablemente, la mujer valenciana (la fallera) vestida con la indumentaria tradicional, a menudo sonriendo junto a una falla en llamas o sosteniendo una cesta de naranjas. El fuego ya no es amenazante, sino festivo.
3. Los Años 60 y 70: Aperturismo, Pop Art y el Despertar del Diseño Gráfico
A medida que España comenzaba a abrirse al turismo y a las influencias internacionales, los carteles volvieron a modernizarse tímidamente, dando paso a los primeros verdaderos «diseñadores gráficos» frente a los «pintores».
- Estética: Comienzan a colarse influencias del Pop Art, la psicodelia y el arte cinético. Se usan colores planos, muy saturados y contrastados, con tipografías más experimentales.
- Temática: Se abandona progresivamente el realismo fotográfico de la fallera para volver a jugar con los símbolos: el fuego, el ninot, los petardos o la silueta del murciélago, pero representados mediante síntesis gráfica.
4. Los Años 80 y 90: La Transición y la Libertad Creativa
Con la llegada de la democracia, la creatividad estalla de nuevo. Los concursos oficiales se abren a todo tipo de técnicas.
- Innovaciones: La fotografía entra de lleno en los carteles ganadores, muchas veces mezclada con ilustración o tipografía invasiva. El humor, el surrealismo y la abstracción geométrica posmoderna se apoderan de las calles. Se busca impactar visualmente al espectador urbano.
5. El Siglo XXI: Minimalismo, Conceptismo y Campañas Globales
En las últimas dos décadas, y especialmente en los últimos años, el Ayuntamiento de Valencia ha cambiado ocasionalmente el modelo de «concurso abierto» por el de «llamada a proyecto», seleccionando a estudios de diseño profesionales para asegurar la calidad y la coherencia gráfica.
- Estética: Domina el minimalismo, el diseño plano (flat design), la ilustración vectorial y un cuidado extremo por las tipografías personalizadas.
- El salto a la «Campaña»: Ya no se diseña un solo cartel, sino un ecosistema gráfico. Los diseñadores crean familias de carteles modulares que se adaptan a redes sociales (Instagram, TikTok), marquesinas interactivas y merchandising.
- Temática: Se huye del tópico literal. Los diseñadores actuales (como Estudio Menta, Ibán Ramón o Dídac Ballester) apuestan por la poesía visual: representar el olor a pólvora, el sonido de la mascletá o la textura de la madera mediante metáforas gráficas y colores vibrantes.
Desde los oscuros demonios de Segrelles hasta las limpias formas vectoriales de hoy, el cartel de Fallas sigue siendo un grito en la pared que nos anuncia que, una vez más, Valencia está a punto de arder.