Continuando con este recorrido por la edad de oro de la cartelería valenciana, nos detenemos en la obra de 1930. Si el año anterior Renau rompió el cristal de la tradición, este cartel consolida la modernidad mediante un uso magistral del color y la arquitectura.
Autor: Vicente Canet Cabellón
Estilo: Cartelismo de vanguardia con fuerte influencia del realismo sintético y el uso simbólico del color.
Atmósfera y Fondo: El tercio superior está dominado por un cielo nocturno en un azul ultramar profundo. En el centro del firmamento, estallan hilos de luz dorada que representan fuegos artificiales (una palmera de luz), cuyas chispas caen delicadamente sobre la escena, aportando una sensación de celebración etérea.
Planos y Figuras: En el plano medio, de derecha a izquierda, se erige majestuosa la arquitectura del Ayuntamiento de Valencia. El edificio está bañado íntegramente por un rojo encendido y anaranjado, como si la piedra misma estuviera incandescente por el reflejo de las llamas. Se distinguen las estatuas, los balcones y el reloj de la fachada con gran detalle lineal.
Fuego y Luz: En el primer plano inferior izquierdo, surge una hoguera geométrica. Las llamas están compuestas por bloques de color plano: amarillo brillante, blanco y naranja saturado, creando una forma de zigzag muy dinámica. Entre el fuego, se asoma la figura de un hombre con traje azul y sombrero, representando al fallero o al operario que aviva las llamas.
Detalles y Arquitectura: A la izquierda del edificio principal, se observa la torre del campanario de la Iglesia de San Martín, también teñida de ese rojo fuego. La composición está dividida en la esquina inferior derecha por una diagonal geométrica de color azul oscuro que contiene el texto y un emblema gráfico estilizado.
Tipografía y Grafismo: La palabra «VALENCIA» aparece en la base, inclinada siguiendo la diagonal del diseño. Es una tipografía de palo seco, moderna y rotunda, en un tono gris azulado claro. El resto del texto se agrupa de forma compacta en la sección oscura, utilizando una fuente más clásica y estilizada en color dorado, lo que le confiere una jerarquía elegante y legible.
El cartel de Vicente Canet de 1930 es un poema visual al contraste térmico. La frialdad del cielo nocturno valenciano se ve invadida por el incendio simbólico que tiñe la piedra del Ayuntamiento, convirtiendo el patrimonio civil en el corazón mismo de la cremà. Es una obra que captura el momento exacto en que la ciudad deja de ser de piedra para convertirse en luz y fuego, marcando la transición hacia un diseño gráfico más estructurado y arquitectónico.