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Año 1929

Este cartel es una de las piezas más disruptivas de la historia gráfica valenciana. Marcó el inicio de la modernidad en la cartelería de las Fallas, alejándose del costumbrismo decimonónico para abrazar el lenguaje de las vanguardias.

Autor: Josep Renau (Considerado el primer cartel moderno)
Estilo: Expresionismo vanguardista con influencias del Art Déco y el cine expresionista alemán.

Atmósfera y Fondo: En la parte superior, el cielo es de un azul noche profundo y saturado, salpicado por una decena de lunas crecientes de color blanco que parecen flotar rítmicamente. A la izquierda, en un tono azul gélido y casi espectral, se perfilan las figuras de San José y el Niño Jesús, envueltos en un aura circular que los separa del caos festivo.

Planos y Figuras: Descendiendo la mirada, irrumpen figuras grotescas y dinámicas: varios «ninots» de rasgos angulosos y ojos hipnóticos. Destaca una figura central con chistera y otra a la izquierda con un gorro de cascabeles; ambos sostienen balanzas que parecen juzgar la fiesta. Sus manos están representadas en un rosa neón vibrante, un contraste cromático violento que rompe la oscuridad del fondo.

Fuego y Luz: El centro del cartel es una explosión de energía. Un remolino de fuego en tonos rojo carmesí, naranja fuego y amarillo brillante ocupa el plano medio. No es un fuego realista, sino una masa abstracta y rotativa que parece succionar la mirada hacia el epicentro de la cremà.

Detalles y Arquitectura: En la base, justo por encima del bloque de texto, se observa una silueta urbana en negro absoluto. Es el skyline de Valencia, donde se distingue la verticalidad de una torre campanario octogonal de piedra (el Miguelete) y otras cúpulas de la ciudad, recortadas contra el resplandor del incendio.

Tipografía y Grafismo: La palabra «VALENCIA» corona el cartel en una tipografía geométrica, blanca y pesada, puramente Art Déco. En la parte inferior, sobre un bloque negro sólido, el texto informativo utiliza una tipografía con remates pronunciados en color azul cobalto y blanco, organizada de forma simétrica para asentar visualmente la composición.

Este cartel de 1929 no solo anuncia una fiesta; anuncia una revolución estética. Josep Renau utiliza el contraste violento entre el azul nocturno y el rosa eléctrico para capturar la naturaleza dual de las Fallas: lo sagrado frente a lo profano, el frío de la noche frente al calor del fuego. Es una obra que respira el misticismo de la religión y la sátira punzante de los ninots, proyectando a Valencia hacia la modernidad internacional.